Etiquetas de los Archivos: Ciudadanos

Suma cero

El pasado día 4 de enero de 2010, en el diario digital Factual le hicieron a Ángel M. Hernández, el todavía coordinador de UPyD en Cataluña, la siguiente pregunta:
-P:¿Qué es un mal resultado en Cataluña?
-R: Sacamos 6.000 votos en las europeas, si ahora triplicáramos ya sería un éxito, aunque no entráramos en el Parlament. Si sacamos 45.000 o 50.000 votos y eso no nos diera para tener representación, por los números o la distribución, sería aceptable si nos quedamos fuera todos, Ciudadanos y UPyD.

No se puede dudar de la sinceridad de su respuesta. Dicho está. Para UPyD no habrá un mal resultado en las próximas elecciones catalanas, pero si hay uno que sería el mejor: la desaparición de C’s. UPyD sabe lo que tiene que hacer y lo dice bien alto y claro….solo hay que querer escuchar o saber leer.

Sin embargo, desde Ciutadans seguiremos trabajando para que la suma de voluntades y esfuerzos de aquellos que luchan contra el nacionalismo en Cataluña de un resultado positivo que permita a C´s obtener grupo parlamentario en el próximo Parlamento de Cataluña. Haremos de esa necesidad nuestro objetivo político desde la responsabilidad, la generosidad y la voluntad de acuerdo. Por nosotros no quedará. De este modo conseguiremos desenmascarar la estrategia de suma cero que siguen aquellos que, por mezquinos intereses, buscan que el no nacionalismo se quede huérfano de representación política en Cataluña. Porque como dijo George Steiner: no nos quedan más comienzos.

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Ciudadanos

Ayer en Ciudadanos hicimos un ejercicio habitual en la vida de la gente corriente, la gente común, la gente vulgar, la que no se alimenta de ideas ni de opiniones. Practicamos la más común y menos intelectual de las éticas: la ética de la responsabilidad. Porque la responsabilidad es un ejercicio en el que se humanizan las ideas y se hacen corpóreos los ideales. Porque la responsabilidad conlleva echar cuentas del precio que es necesario pagar para realizar los ideales propios, ser conscientes de los compromisos que ello comporta y saber valorar, en nada caso, su aceptabilidad o inaceptabilidad. Así de sencillo. Así de corriente.  Tomamos decisiones que nos hacen avanzar, equivocarnos, crecer, errar: vivir. Decisiones que no nos hacen renunciar a nuestras esperanzas y a nuestros sueños ni a  a renunciar a lo que somos. Antes al contrario, nos acercan a ellos.
Un día comenté que, en ocasiones, hay gente que cree que la vida está en los verbos y no en los sustantivos. En un mundo donde la opinión ha sustituido a la acción, lo percibido a lo real y  los cobardes a los valientes, unos ciudadanos anónimos hicieron posible un proyecto que lleva su nombre. Lo hizo gente normal. Gente que no firmó un papel entre animales disecados para acto seguido desaparecer. Gente que firmó un papel de compromiso político sin relumbrón, el de afiliación, paracontinuar después trabajando por sus ideales, recuperado la calle, dando la cara en sus trabajos, perdiendo amigos y ganando problemas. Y lo hicieron, y lo hacen, sin otra recompensa que poder construir una alternativa política con voz propia. Una voz que, por primera vez, y sin intermediarios que interpretasen que querían decir, gritara lo que todos callaban. Y lo consiguieron.
Y de repente alguien pensó que esto era mejor que lo hicieran profesionales. Lideresas de pasado, este sí, incuestionable. Porque en el mundo real, en el que algunos creen conocer lo que necesitamos, lo relevante no puede dejarse en manos de gente corriente, sin brillo intelectual. Lo relevante es propio que lo hagan los de siempre, los que saben, lo elegidos. Pero este mandarinato de las ideas no contaba con que muchos de estos ciudadanos anónimos dijeran que no. Que no se plegaban a lo que otros habían decidido que tenía que ser. Y aquí empezó todo. El resto, quién lo ha vivido lo sabe. Y ayer terminó.
Han sido, son y probablemente serán días turbulentos. Han sido días difíciles. Días en que la reflexión, la intoxicación, la presión, las dudas, las inquietudes, las ilusiones, las esperanzas, debían condensarse en una decisión. Una decisión democrática cuya trascendencia se proyectaba más allá de una cuarentena de días. Ayer, nuestro partido, adoptó una decisión que marcará un momento trascendental para nuestro futuro: ayer fue el día en el que Ciudadanos decidió, definitivamente, ser Ciudadanos.

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PPC, la Casa Gran y Obama

Alicia Sánchez-Camacho parece que es la única política catalana que se ha creído lo de la Casa Gran del Catalanisme de Artur Mas.
La dirección del PP sabe que está llamando a la puerta de una casa que tiene como derecho de admisión la obligación de renunciar a defender los derechos de todos los catalanes y asumir un modelo de Cataluña moralmente asimétrica. Un modelo que convierte en catalanes de segunda a todos aquellos que no comulgan con el nacionalismo. Pero no les importa, prefieren estar al calor del poder sacrificando sus ideales (si todavía les quedan) que aguantar el frio y la soledad que sufren los que están fuera del establishment nacionalista.
El lascivo cortejo del PPC a CiU significa entregar como dote para sellar las futuras relaciones la lucha por los derechos lingüísticos de los catalanes castellanoparlantes para poder pastar en el pesebre nacionalista en futuros acuerdos electorales. El PP de Cataluña de siempre haciendo el ridículo de siempre. Y como siempre olvidándose de sus votantes en el juego de las estrategias de poder.
Así, mientras Ciudadanos llevaba a la calle la defensa de la libertad en Cataluña, Alicia Sánchez Camacho contraprogramaba nuestro acto presentando una patética campaña política en la que se compara con Barak Obama. La vieja forma de hacer política que no ha entendido nada y que cree que rejuvenece poniéndose el botox del discurso de  la ilusión. Un discurso que no es que hayan perdido sino que nunca tuvieron.

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Els greuges del Síndic

Colocar a Rafael Ribó como Síndic de Greuges significaba para el Tripartito culminar el proceso de control definitivo de las administraciones públicas catalanas y sus organismos de supervisión y vigilancia. De este modo se convertía en ficción la arquitectura institucional que otorga a la figura del ombudsman la salvaguarda de los derechos de ciudadanos frente a los abusos de la administración, una  figura clave en todas las democracias occidentales como garantía última de las libertades cívicas. Pero en esta parte del viejo continente, donde la clase política nacionalista somete los derechos individuales a los colectivos y donde la “construcción nacional” se antepone a las libertades individuales, la figura del Síndic de Greuges -adaptación local de su original sueco- no es la encargada del control de las administraciones públicas y sus abusos, sino que, violentando su función, se ha convertido en un mecanismo de control social. En una vía donde mueren todas aquellas denuncias de quienes se rebelan ante el Régimen; de aquellos que exigiendo sus derechos y confiando en su papel de defensa del ciudadano frente a los abusos del poder, ilusoriamente, recurren a alguien cuya función es justamente la inversa: la del control del denunciante y no la del denunciado.

El pasado lunes leíamos una información que desvelaba la situación de un padre que denunció al Síndic de Greuges la falta de libros de texto y materiales didácticos y formativos en castellano para su hijo que está recibiendo la educación en castellano, acogiéndose a la ley que permite a los padres escoger la lengua en la educación infantil y primaria. Frente a esta reclamación y demanda de amparo, el Síndic contesta que, en Cataluña, un padre puede conseguir que su hijo reciba la educación en castellano hasta los ocho años si ésta es su lengua materna, pero no hay una ley o normativa que pueda garantizarle los libros de texto en versión castellana que utiliza el resto de la clase, con lo que tampoco se puede obligar a la Generalitat a que los comercialice.
La normativa «no establece los medios para hacerla efectiva (como obligar a las editoriales a disponer de una traducción al castellano del material didáctico) y por tanto el hecho de concretarlos forma parte de la discrecionalidad reservada a la Administración, sin que se le pueda imponer una manera determinada de hacerlo». Dicho esto, anuncia que no existe una actuación «irregular» y concluye su intervención.

Queda claro de este modo que los catalanes castellanoparlantes no deben formar parte de ese pueblo que el señor Ribó debe defender. No sé porque nos seguimos sorprendiendo de que esto sea así cuando en el vocabulario de claro tufo nazi impuesto por el nacionalismo, a quien habla en castellano en Cataluña hay que “normalizarlo”, y a quién estudie en Cataluña y sea castellanoparlante hay que  someterle a la “inmersión lingüística”.

Porque ¿sabe Ribó que entre sus funciones está la de recomendar a la administración medidas que eviten injusticias? ¿Sabe Ribó que puede sugerir medidas legislativas a las administraciones cuando estas vulneren derechos fundamentales de las personas? Y sobre todo, ¿sabe que sería tan sencillo como ejercer sus potestades y, en cumplimiento de su obligación moral con la ciudadanía, recomendar a la Generalitat  que solucione inmediatamente este fraude de ley?

La respuesta a estas preguntas es evidente: si, pero no quiere. Ribó debería leerse y creerse su función. Creérsela y ejercerla sin exclusiones identitarias, sin asimetrías ideológicas, sin espacios de suspensión legal de derechos. Ribó debería saber que trabaja para todos los ciudadanos, para todos los catalanes. Pero está claro para qué y para quién trabaja Ribó: para los nacionalistas y su “nación”. Aunque para construir este fantasma sobremos la mitad de los catalanes.

Por ello, desde Ciudadanos (C’s) presentaremos una enmienda a la totalidad a la Ley del Síndic de Greuges. Porque esta es una ley que en realidad pretende, en desarrollo del Estatuto, expulsar de Cataluña al Defensor de Pueblo español, nuestro último recurso de amparo como ciudadanos ante la vulneración de nuestros derechos.  C’s no será cómplice jamás de un Régimen nacionalista que intenta que no haya testigos de la vulneración sistemática de los derechos de los catalanes.

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Carbonell se va

Josep Mª Carbonell presentó ayer su renuncia como presidente del Consell de l’Audiovisual de Catalunya (CAC)  al presidente Montilla. Lo hizo con la excusa de iniciar una nueva etapa profesional centrada en el ámbito privado, probablemente como director de la fundación privada Digitalent.
Carbonell se va con la tranquilidad del que ha cumplido con su trabajo. Y desde luego que lo ha hecho bien: ha configurado una máquina engrasada y en perfecto estado de funcionamiento como órgano censor al servicio del poder. Ha cimentado la construcción del espacio audiovisual catalán expulsando de él a los disidentes, a las voces críticas y a los desafectos al Régimen. Y ha inutilizado la función de garante del pluralismo político e ideológico en los medios de comunicación públicos del organismo que presidía, consintiendo desde la inacción el permanente boicot informativo a la labor política de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía. Un partido del arco parlamentario catalán que ha sido ninguneado, vituperado, expulsado de la realidad informativa catalana dentro de una estrategia planificada que tiene como objetivo para su desaparición del panorama político, al ser un elemento peligroso para el establishment nacionalista.
Carbonell también ha declarado que tenía decidida su marcha desde el pasado mes de marzo de 2008, pero sin embargo ha esperado hasta el bochornoso escándalo de las adjudicaciones de las 83 licencias de radio para irse. Curioso ¿verdad?
Tengo el pleno convencimiento que C’s ha provocado con su contundente defensa del pluralismo informativo y con la denuncia del caciquismo nacionalista, la renuncia de Carbonell. Creo que nuestro partido ha sido un baluarte de la libertad ejerciendo brillantemente su papel de control político del poder.

Por eso hoy es un día alegre para todos aquellos que pensamos que sin unos medios de comunicación plurales que informen de una forma plural no hay democracia. También sabemos que esta alegría, como todas, es fugaz, transitoria y pasajera. Otros vendrán a seguir la misma senda de censura mediática encubierta al servicio del poder iniciada por Carbonell y que anuncia tiempos dificiles para la libertad en Cataluña.

Porque de algo estoy seguro. En la reunión de esta mañana en algún momento se ha destilado de la conversación esa gastada y siempre servil frase: Señor, misión cumplida.

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Algo más que una casilla

Hoy, 27 de diciembre de 2008, es un día histórico. El Tribunal Supremo ha confirmado la sentencia dictada el 14 de septiembre de 2004 por el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC), que obligaba a la Generalitat a consultar la lengua habitual de la familia o tutores de los menores en la preinscripción escolar y tenerla en cuenta en la enseñanza de Infantil y Primaria, y estima que ésta incumple la Ley de Política Lingüística al omitir a los padres las preguntas para conocer la lengua habitual usada por los niños. Esta sentencia obliga a incorporar un par de casillas en los impresos de preinscripción para hacer efectivo “el derecho de los niños a recibir la primera enseñanza en su lengua habitual -ya sea ésta el catalán o el castellano”. Así de sencillo.

Con esta sentencia se da la razón a todos aquellos que como Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía han luchado por el derecho de los niños a ser educados en su lengua materna en la educación Infantil y Primaria, y marca una fecha histórica en la batalla por lograr la libertad de los ciudadanos de Cataluña frente a la imposición nacionalista. Sabemos que no será fácil. Pronto vendrán las reacciones adversas y el intento de burlar una vez más a la justicia. Pero hoy la libertad ha dado un paso adelante en Cataluña.

Desde Ciudadanos vamos a exigir al Gobierno de la Generalitat el cumplimiento de la sentencia. Vamos a exigir el cumplimiento de las Leyes a un gobierno que ha hecho de su vulneración una norma. Vamos a exigir que en Cataluña se cumpla la ley sin espacios de impunidad nacionalista. Vamos a exigir sin descanso a estos insumisos de A8 que nos gobiernan, que dejen de violentar la democracia y respeten aquello por lo que les hemos elegido: cumplir y hacer cumplir la ley.

http://www.ciudadanos-cs.org/prensa/Una_sentencia_historica/1483

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